jueves, 27 de julio de 2017

El Primer Caballero


Una vez conocí a un chico tímido, delgado de apariencia y con unos ojos tan sinceros que su transparencia llego hasta mi alma. La toco de tal manera que aun llevo su mirada guardada. Aún recuerdo su sonrisa, esa manera de sonreír cuando sus ojos brillaban tras esos anteojos que sabían cual hermosa bondad habitaba dentro de su corazón. Aún recuerdo ese gesto con su media cara volteando al piso.
 Todavía recuerdo su caminar por los pasillos con los rayos de sol en su rostro pálido con ese sutil aspecto de hombre a medio hacer, como olvidar esas manos; grandes para ese entonces, recuerdo que solo las tome una o dos veces, pero eso me basto para recordarlas hasta estos tiempos!
Todavía alcanzo a escuchar esa voz sin igual, ese porte impecable y discreto, era lo que amo en caballero; ahora lo sé, sé que la vida me presento a un caballero  de esos que no necesitan una espada y una armadura.
La vida es cruel y solo me mostro lo que Dios puede crear pero que no es para mí. No lo he vuelto a tener frente a mí, pero sé que si lo tuviera frente a frente me volvería perder en su mirada, en esa paz que un día pude sentir, tal vez pensaría, debo decirlo, en tocar su labios y estrecharme contra el en un abrazo de esos que deje pendiente el día que ya no lo volví a ver, en ese tiempo cuando no sabia que lo que la huella que dejaste en mi corazón.
No dejare de preguntarle a la vida – ¿Por qué?, porque me puso tras del cristal me dio un palco desde lejos.
Me conformo con solo las palabras lejanas son las que nos acercan, solo palabras. Ahora solo sé que es feliz y nada más importa!

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