Con sus ojos color miel descubrí la esperanza... Sus manos protectoras me apretaron el alma y fue ahí en ese momento donde me ensañe con mi alma y decidí sonreírle al amor, a la pasión que sus besos provocaban en mi cuerpo cuando con cadencia recorrían mi piel, hermosas sombras entre la intimidad.
El tan blanco como la nieve ante esta mulata de corazón errante.
La inocencia de su mirada aquella tarde de noviembre me tomó por sorpresa y se metió en mis rincones y me atrapó. Sus manos grandes me convencieron... Sus labios siempre cerrados y su cuerpo tan dado a mis ganas, era él a quien quería en mi vida. No me importó el sabor que me dejaron los besos blancos estos eran nuevos labios, nuevo dueño, nuevo mundo...
Mi maldad se apoderó de mis días y los viví, los viví a los dos, sin culpa ni dolor, era dichosa.
Mi espejo me gritaba mi desvergüenza y mi cinismo y como no hacerlo si mi alma se partía.
Mi piel estaba loca y mi mente alborotada...
A media luz me entregaba, a medias nada!
Mi jubilo lo avandono y fue ahí cuando me perdí.
Y como no perderme sus ojos tan distintos me dejan ver sus almas.
El amor entre dos, tan distintos y tan iguales...
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