domingo, 19 de abril de 2026

Carta de despedida

 Tú eres parte de mí, pero el presente y el futuro también.

Ellos han estado callados esperando su turno y lamento decirte que ya el tuyo terminó.

El presente llegó con una persona maravillosa que me dio paz y tranquilidad y, sobre todo, la seguridad de que estará si un día, al intentar comerme el mundo, me sienta con falta de ánimo para tener valor de seguir. Quiero ser feliz a su lado, quiero ser feliz sabiendo que al enojarnos vendrá un abrazo tan profundo que en su momento nos dirá que nunca terminará, pero gracias a ti, me limito sin querer pensando en ti. No quiero perder sus abrazos cálidos y sus miradas perversas, a pesar de que sé que el futuro cumplirá con lo pactado y le mostrará un camino distinto y alejado del mío. Aun sabiendo que se irá, hoy está conmigo; puedo tocarlo, sentirlo y hacerle el amor en las madrugadas.

Quiero vivir el presente a su lado sin que mi pasado esté rigiendo. Entonces, mi querido pasado, me despido de tu dolor y las heridas que dejaste no se borran, pero ya no dolerán porque se irán a tu lado, dejarán de lastimar mi corazón. Abriré mis ojos en las mañanas con alegría en las manos y dulzura en los labios y podré sonreír pensando que yo también puedo verme bonita al hacerlo.

Te agradezco que hayas sido parte de mí, porque a pesar de todo, los pies ya saben caminar sobre vidrio y brasas ardiendo. Te agradezco que me hayas protegido con esa armadura de hierro impenetrable, pero es tiempo de descansar; ya cumplimos la encomienda, ya entregamos resultados y debemos volver a lo que debió ser. Descansa, querido compañero, hicimos lo que se debía hacer sin remordimientos. Gracias, mil gracias.

No te pido que me abandones porque tú eres quien me sostiene las espaldas y gracias a la sombra de tu armadura sigo siendo fuerte y sé que estarás ahí para volver a protegerme si se presenta la soledad de la mano del abandono.

El presente me invita a mirarme con amor en el reflejo del espejo; veo mis canas y esa madurez en mi piel que me regalan el respeto de la gente y quiero caminar ese sendero en el papel que me corresponde, siendo frágilmente fuerte.

Te amo con el alma, parte de mi ser; me despido de ti sin olvidar que sin ti no habría futuro. Acompáñame a vivir hoy sin voltear a verte, pero sabiendo que cuidas mis espaldas.

No te pido que te vayas porque, al final de mis días, tú serás el único que me seguirá recordando quién fui, quién soy, y me recordarás la razón por la que no me rendí a pesar de llevar piedras en mi espalda caminando descalza.

Las lágrimas dejaron de caer; el perdón está en la sala, tomando café con la nostalgia de saber que tú por fin serás libre.  




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